jueves, 24 de abril de 2014

Crónica de la calle Corrientes

Escribir con las manos sudadas es un deporte de riesgo. Un deporte intelectual de riesgo. También lo es caminar 3 km x Buenos Aires un miércoles de otoño a las 22pm. A veces ambas actividades están relacionadas, como esta, y el vínculo no es otra cosa que un nunca aclarado "conflicto gremial" que te deja sin subte.

El positivismo es una fuerza inenarrable que contamina hasta al más misántropo de los seres humanos y este "mal" convierte lo que debería ser un festival de mala onda en una experiencia rescatable. De alguna manera mi psiquis se esfuerza en convertir el sudor que se congela en mi camisa empapada, en un disfrutable vapor producto del calor humano.


El mundo es una mierda, lo sabemos todos. Los conflictos a los que nos entregamos voluntariamente son patéticos, en su mayoría. La experiencia humana es única, irrepetible y completamente ahogada en un mar de clichés. Sin embargo la multitud que compartió la última hora de mi vida conmigo no lo volverá a hacer jamás. El tipo que se dormía parado esperando el 70, los dos borrachines que me preguntaron cómo llegar (caminando con su botella de heavy metal) a Retiro en pleno Once y la jogginista que me miro directamente a los ojos con la mirada completamente vacía, forman parte desde ahora de ese momento celebrable que la óptica más positivista me obliga a describir en el último vagón de un tren lleno de derrotados que vuelven al hogar.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Los Momentos Representativos De La Humanidad

Los momentos representativos de la humanidad no son, necesariamente, aquellos reconocidos por la historia. Son más simples y, al mismo tiempo, determinantes ya que su misma existencia son condicionantes para nuestra permanencia sobre el planeta.
Estos momentos no son, a pesar de su importancia, particularmente felices ni rebosan de heroísmo o abnegación, pero es imposible imaginar un mundo sin ellos.

Quizás el más consistente con nuestra humanidad sea el momento del tropezón. Este momento tiene como característica el permitirnos disfrutar tanto de la vergüenza que naturalmente surge al darnos cuenta que nuestras ambiciones mas pretenciosas se desvanecen al carecer del control de aquella única cosa que deberíamos manejar: nuestro cuerpo. Un tropezón no es caída, se suele decir, lo que es una lástima. La caída nos permitiría, en rigor, la empatía de nuestros congéneres aunque solo sea por el dolor físico, pero la carencia de este sonoro desenlace nos deja solo con la indignidad.

El siguiente momento es uno compartido con el conjunto de la humanidad. Se dice popularmente que “de los cuernos y de la muerte no se salva nadie”, aunque en realidad compartimos además el nacimiento y ciertas actividades biológicas relacionadas con fluidos y gases que se expulsan de nuestro cuerpo. Hay una situación en particular que, aunque compartida y por eso mismo conocida por todos, no se suele expresar por medio de cualquier método de comunicación. Esto es la sensación de placer asociada y aparejada con la posibilidad tardía de relajar los esfínteres.
Quizás sea la falta de popularidad de la fusión de los conceptos de placer y relajación esfintereana la razón por la cual esto no se publicita, pero su existencia es innegable. El momento resulta representativo porque la cultura dicta que el momento en si es una contradicción a pesar de que la naturaleza, con gran tino, dispuso los lugares para realizar ambas actividades apena a dos o tres dedos de distancia.

La humanidad con sus indignidades, vergüenzas y placeres está destinada a las estrellas, a expandirse a través del cosmos.


Y a oler sus propios gases en absoluto secreto.

jueves, 28 de noviembre de 2013

The End Is Rear


A veces una charla impulsada por el efecto desinhibitorio del alcohol se convierte en declaración de principios. La verba hace su camino al andar y la elaboración de un concepto sorprende al enunciante.

En este caso fue una sorprendente declaración, con la firmeza que le imprimiría a una frase aquel que no sabiendo ni mierda trata de sonar razonable y seguro, que rápidamente se convirtió en verdad indiscutible y en una revelación insospechada: Tengo fe en la Humanidad.

Suena naif y contradictorio, sobre todo en un lugar pretendidamente misantrópico y antisocial, pero  al ser un concepto creado a medida tiene sentido en la lógica más personal.

Creo firmemente en que cada paso que damos adelante es un paso en la mejora de la humanidad, teniendo en cuenta que adelante y mejora son palabras con significantes humanos. El modo y el método son discutibles moralmente, pero el objetivo aparece en el horizonte claro y prístino.

¡Ah! ¡Para! ¿Tenes una objeción? ¿Mesianismo? ¿Pueblo Elegido?

Puede ser. Pero no hay Pueblo Elegido si no se diferencian los pueblos y no hay mesías si es el colectivo humano. Desde el primer homo que levanto la cabeza para ver por encima de los pastizales el cambio se inició, lento, contradictorio, con retrocesos y con aceleraciones. Los conceptos se complejizaron y los aplicamos a todo y a nosotros. Y ahora, como en cualquier punto de la historia, estamos en un punto medio en el desarrollo y en el cambio. Siempre es un punto medio por el objetivo siempre se adelanta.
Cada paso que damos nos acerca más a un objetivo perpetuamente equidistante y por lo tanto real y con el poder necesario para atraernos/impulsarnos.

lunes, 26 de agosto de 2013

Constitución

Son las 23 de un lunes. En 6 horas la estación Constitución va a estar llena de personas dignas. Aquellas que con conocimiento o sin él, le dan forma a los cimientos para el adagio peronista. También, cínicamente, representan la libertad que con varillas de metal soldadas a un arco prometía Auschwitz.
El trabajo libera y dignifica.
La estación de Constitución se llena de personas que vienen de un lugar mucho mas frió que al que llegan. No hace falta viajar demasiado para poder ver las estrellas una noche cualquiera, o para sentir como la temperatura baja esos 5 grados que diferencia y separa.
La gente que llega abrigada es diferente. Esta apurada. Ejecuta los movimientos al unisono, pero a destiempo. Como en un ballet extraño y moderno eligen el azar en sus movimientos y la similitud en las intenciones dirigiéndose a la salida, pero no a una sino a todas. La simultaneidad de un movimiento visto en una filmación que al ralentizarse gradualmente se convierte en acción primero, en fragmentos de momentos después y por ultimo en mera intencionalidad adivinada y formulada por nuestro sistema de pensamiento, tan acostumbrado a la predicción que da por sentado que después de cada noche viene otro día.
Soy un pagano en esa inmensa catedral de altos techos abovedados y rituales repetidos, un extranjero incomodo por no reconocerse entre pares. Un ninguneado por todos menos por mi mismo. Pero la incomodidad no es la regla. Con fórceps, la repetición de lo incomodo convierte en normal lo raro y en inalienable lo profundamente rechazado.
La falta de apatía es lo desconcertante. El triunfo de la rutina hace que algo trivial como pasar de un tren a un colectivo se convierta en algo serio y, al parecer, de vital importancia.
La dignidad es un otorgamiento, un concepto que se usa para diferenciar y separar cuando se carece de su uso como adjetivo, y para aceptar e igualar cuando se premia con el.
El trabajo segmenta, separa y entumece con su monotonía intrínseca. Es un medio para un fin y es lo que pasa en el medio, entre el principio y el fin. Iguala. Nos hace acolitos de la iglesia del tiempo continuo.

Nos hace derechos y humanos.
Nos hace dignos y libres.

lunes, 5 de agosto de 2013

Sobre La Inexistencia Tacita De La Humildad

En algún punto de la historia confluyeron dos conceptos que se definen por ejercer la acción de no accionar: la modestia y la discreción. Estos dos explican parcialmente el significado semántico y moral de la humildad, un adjetivo convertido en virtud, meta y significante para muchos, pero una vil mentira para aquellos que reconocen la ironía detrás de cada palabra escrita en el libro del Destino.

La humildad no existe porque nadie puede hacer uso de ella sin negar su existencia.
 
La humildad es lo opuesto a la soberbia, es antagonista del reconocimiento, tanto que nadie que fuera hipotéticamente humilde podría reconocerse como tal, ya que esto sería hacer alarde de tal condición moral.

La humildad deja de existir en el momento de es reconocida convirtiéndose en ese momento en instrumento para su némesis.

La humildad no es posible para los pobres: ¿de qué alardear si no se tiene nada?

La humildad es la derrota de la autodeterminación de los seres humanos, el grito ahogado de los jóvenes intelectos para siempre hundidos en la inequitativa dictadura de deber y el ser al que nuestros compañeros de hemisferio dicen aspirar.


La humildad es un excelente recuerdo de aquello que necesariamente nunca debería ser nombrado ni recordado.

martes, 30 de abril de 2013

Cosas Que Me Chupan Un Huevo. HOY: Grafitis


El grafiti estuvo siempre ahí, presente, desde que el hombre se dio cuenta que las paredes se podían pintar con mensajes para el mundo todo. Pinturas rupestres, penes rituales, jodas a Julio Cesar, declaraciones de amor, política, fútbol, humor y mero egocentrismo: el grafiti tiene mil caras.
Y sin embargo se las arregla para seguir siendo intrascendente.

No revoluciono la estética. No impulso un movimiento. No unió a la juventud. Se perdió en la autosatisfacción de sus ejecutores. Se convirtió en publicidad del anonimato.

Estéticamente evaluado, comunicacionalmente estudiado, y cuidadosamente ignorado.
Si el grafiti dejaría de existir mañana, no lo extrañaría.

Si yo escribiera uno solo en toda mi vida seguro diría: “Puto el que lee”.

domingo, 28 de abril de 2013

Democracia


Hay una palabra en la calle y es “democratizar”. De repente se convirtió en el concepto mas flexibilizado desde el de “verdad” o “rico olor”.

Se convirtió en vox populi, y todo el mundo sabe que cuando algo se convierte en una cosa solo expresable a través del latín es que se convirtió en importante y estúpido en partes iguales.
Quizás sea el hecho de que la parte importante sea por la cantidad de gente que le asigna tal importancia. Quizás sea la misma causa la que lo convierte en estupidez. Quizás el verdadero problema es que la democracia se trata justamente de eso: mucha gente.

No es quiera decir que la gente que habla de democratización es estúpida.
Me parece que cuando mucha gente habla de cualquier cosa es estúpida.

Lo mas divertido de todo es que no hay mucha gente sin que, justamente, haya mucha gente. Muchos individuos apilados, sincronizados y de acuerdo. Células en un organismo.
Nadie dudaría que un glóbulo blanco es estúpido, o cuando menos limitado, pero cuando hablamos del organismo que termina componiendo (en este caso uno mismo) cualquiera se horrorizaría.

Quizás la estupidez es la esencia de todo. Tiene mas sentido que lo contrario. Sin ir mas lejos, cualquier científico con amor propio JAMAS apoyaría la teoría del “Diseño Inteligente”, y con seguridad jamás diría que el azar es capaz de sumar 2 + 2.

Si el azar es estúpido, el universo es estúpido. Viva la Democracia.

martes, 11 de diciembre de 2012

Con Los Pies En El Barro

“El futuro llego hace rato”. Esa frase es insultantemente reveladora.
La imagen de un pibe caminando un lunes a las dos de la tarde, descalzo, en shorts, sin remera y con un Smartphone con 100.000 veces más poder de computo que el Modulo Lunar del 69’ es ilustrativa de esa frase.

La humanidad en su pico máximo, intentando alcanzar las estrellas hace 43 años y el pibe de hoy, con su extremo inferior en íntimo contacto con la tierra y su extremo superior convertido a través de la tecnología en acceso a la fuente de información más vasta que la humanidad y la historia conocida vio jamás. Ambos ejemplos se contradicen pero la temporalidad nos aclara que uno es el hijo del otro, pero como en toda relación padre-hijo el conflicto generacional y el cambio de paradigma asociado es evidente.

La generación del 69’ poniendo a personas en el espacio, llevándolas a la Luna y trayéndolas de vuelta es la humanidad alcanzando las estrellas pero limpiándose el barro (de las desigualdades sociales, la discriminación a cara descubierta y el inicio de la desaparición de las libertades que la siguiente década trajo sobre el mundo del oeste) de los pies antes de subir a una nave completamente aséptica.
La generación actual, que no tiene el impulso estelar y que con los pies llenos de barro no se entera de que el barro existe y que la asepsia del mundo virtual, aunque engañe a los sentidos, es irreal en sus fundamentos. Una generación que no solo piensa que el árbol que se cae en el bosque no hace ruido si no hay nadie para escucharlo, sino que además prefiere no saber del árbol, de su caída y de la existencia del bosque.

Y el barro ahí, entre los dedos de los pies, recordándonos de donde salimos y que todo paso que damos es caída.



domingo, 7 de octubre de 2012

Carta Abierta Para Los Revolucionarios Conspirativos


Y mientras que algunos elucubran la destrucción, la misma ya fue planeada por la madre de las conspiraciones, aquello de lo que somos células que forman el organismo al que pertenecemos.

¿Qué rebelión encabezaría un riñón, portando un estandarte separatista del sistema digestivo?
¿Cuál sería el titulo del manifiesto escrito por el colectivo de pólipos intestinales?
¿Qué es lo que nos lleva a pensar que el individualismo garantiza nuestra importancia?

El desacuerdo es parte fundamental de las concordancias. No reconocer que la opinión es solo escapismo del reconocimiento de la insignificancia de aquel que es parte de los seis mil millones de otros que comparten habitación con uno mismo, es ignorar lo previo.

Hay un sentimiento que me rodea y es que lo inevitable existe y se repite sin cesar, y esa falta de tope es lo que la afirma y le da su status de existente.
Me dice que todo está en su prefecto lugar, como si de un rompecabezas se tratara, y al mismo tiempo sus partes son móviles y todo el esquema es perfecto y perfectible al mismo tiempo. Que el rebelde y el sumiso son mutuos reflejos conceptuales y que el prefijo contra no modifica las palabras sino que meramente las adjetiviza sin cambiar sus componentes esenciales.

El sistema existe y lo hace utilizando la misma burda estratagema que la fe: nosotros los que lo nombramos lo creamos. Existe porque si. Porque somos la carne que lo alimenta, los rebeldes que lo niegan y le dan entidad en el mismo paso, los ignorantes que lo aceptan sin permitirse dudar, y los cínicos que lo entienden y se permiten disfrutar del tránsito a través (temporal y físicamente) de el.

¿Qué revolución puede suceder sin la validez de los argumentos?

domingo, 30 de septiembre de 2012

Insolación Sabática


El sábado a la mañana en la plaza de caseros es una correcta teatralización de los objetivos de nuestra sociedad. Es un lugar donde se traen a los más jóvenes para su esparcimiento y regocijo, y para que gasten su muy natural exceso de energía física. Es la “socialización” de los más viejos y el malgasto de su, también natural, exceso de energía parlante. Son las personas en su mediana edad viviendo el presente.
Todos bajo el sol que iguala en su omnipresencia temporal, pero que con su luz saca a relucir las diferencias.

La primavera trajo verde a la plaza y la vida parece resurgir, pero lo único que hace es desentonar con el paisaje gris de los caminos cementados.

Hay mascotas paseando atadas a sus dueños. Hay personas paseando atadas a la sociedad. Todos somos mascotas con un collar al cuello y el tiempo pasa, el viento pasa, el mundo pasa, y nosotros paseamos.

La plaza es la naturaleza condicionada a nuestras necesidades.
Las mascotas son animales condicionados a nuestras necesidades.
Nosotros ejercemos un control mutuo sobre los demás: el panóptico existe desde que el primer clan familiar dejo empezó a reunirse alrededor de un fuego.

Eso es la plaza de caseros. Un lugar donde los sentimientos se expresan, la muerte se siente cerca y el futuro suda, grita y ríe.

sábado, 22 de septiembre de 2012

La Negacion De La Mentira

La mentira es un modo de vida. Es una forma de comunicación. Es un uso del lenguaje. Es una construcción conceptual volátil y al mismo tiempo estructura de la sociedad en la que vivimos.
El uso de ella en los niños es reconocido como prueba de avance intelectual. El uso de ella en el último estadio de la vejez se llama Alzheimer y lo provoca nuestro mismo cuerpo.
Somos una mentira. Nos ubicamos en el tope de los animales, nos separamos de esa clasificación. Nos desligamos de nuestra unión con el entorno. Ignoramos nuestros pies llenos del barro que conforma la realidad. Miramos hacia adelante y decimos que el horizonte es infinito, cuando la realidad y la curvatura de la tierra nos podría mostrar que dando una vuelta completa lo único que miramos al mirar adelante es nuestro agujero del culo.
Ni siquiera miramos hacia arriba, allá adonde no existe la humanidad ni su transpiración diaria. No miramos al espacio, inerte, insípido e indoloro. No miramos nada.
La virtualidad es una mentira. El mundo a través de los ojos de cualquiera es otra. La interpretación sensorial y la electrónica, la una sobre la otra o todo junto, son mentiras.
Pero casi nadie tiene la voluntad de mentir. Lo que hacemos es negar. Renegar. Ignorar. Omitir.
Mirar para el otro costado.
¿Cuál es la ganancia que obtenemos no mirando al tipo que duerme en la calle? Mirémoslo y abracemos la puta realidad en la que vivimos. Experimentemos alegremente la sucesión de  temor, angustia y expiación que nos da reconocer que podríamos hacer algo, pero que no es nuestra culpa y que hay otra gente que va a ayudar a esa alma. O no.
Nuestra vida es un hecho. Una realidad. Innegable y, a veces, innecesaria. No somos los únicos en la Tierra y todos los demás son individuos. No nos neguemos negando a los demás.
Sigamos mintiendo e ignorando todo lo que nos plazca, pero hagámoslo a conciencia y con placer.

lunes, 3 de septiembre de 2012

La Larga Marcha

Los lunes son especiales.
Es el día de comienzo de La Larga Marcha. Es cuando la rutina nomenclada por una convención (convención de convencional, squares que todos somos, hasta la rebeldía en si, programada para existir) da lugar al comienzo de la semana.
La Larga Marcha es algo para lo que nos preparamos toda la vida. Tal cual como en una maratón, nos entrenamos para poder soportar el tránsito a través de ella, y como en dicha disciplina deportiva, no todos logran terminarla.
Los laureles no son para los ganadores, ni para los preparadores, ni para los espectadores. Los laureles son para los que no participan, por decisión o por fracaso.
Todos nosotros, los que la protagonizamos (o nos gusta creer que lo hacemos), largamos a distinto tiempo o a destiempo, pero el objetivo es el mismo. Las rutas son independientes y a veces se cruzan: es entonces cuando se reconocen a los compañeros momentáneos de ruta, aquellos que como yo se sientan en sus autos con destino predefinido y movimientos de autómatas.
El sol naciente, golpeando fuerte en los ojos y el obligatorio pestañeo nos iguala, y el viejo objeto de esperanza, aquel que defiende la singularidad y subjetividad de cada uno, pero la igualdad de todos vuelve a mi mente y me fuerza a volver al mundo real donde las cosas importan.
En La Larga Marcha todo importa pero el final es el mismo. Y en la línea de llegada no hay laureles para nadie, ni para los que la recorrieron ni para los que se mantuvieron aparte. Porque los laureles no existen, ni la marcha, ni los competidores. Porque los recuerdos son efímeros y su importancia se maximiza a medida que las neuronas se apagan. Porque no hay Larga Marcha, pero si Camino. Y el recorrido conforma (de dar forma y de conformarse con ella) lo importante y los laureles.

martes, 21 de agosto de 2012

Fantasias (des)Animadas De Ayer Y Hoy

Llueve otra vez y me fastidia demasiado.
No es el dolor de huesos ni la humedad en la ropa. No es mi irracional sensación de desamparo y peligro inminente ante cualquier pequeña tormenta (probablemente un trauma que me regalo el destino haciendo diluviar sobre mi humilde cuerpo y el de otros miles en la última y única visita de los Foo Figthers en la cancha de River) o el limpiaparabrisas que me funciona mal y me deja esa línea de agua dibujada que me enerva y me hace pensar en que debería volver al galeno mental.

Me fastidia porque me hace odiar a Manchester. O a Londres.
Arruina mis fantasías depresivas de un mundo signado por los días nublados, la tenue llovizna y algún tema de The Smiths o Housemartins escuchados en auriculares. Me la baja, como dice el piberío ahora.
Me hace darme cuenta que estoy viejo para el imaginario brit-pop de la peor manera. Es como encontrar a la piba esa que te gustaba demasiado cuando eras chico y darte cuenta que aun ahora, después de todo, todavía está fuera de tu liga.
La lluvia, según su duración, tiene ese mismo efecto sobre el mundo.

El chaparrón caudaloso o la lluvia de un día limpian el asfalto. Moja lo suficiente como para sorprender y arruinar o crear planes.
Si se extiende unos días el paraguas y la campera pierden su carácter de “de vez en cuando” y se convierten en molestias habituales. Las veredas ya no están limpias porque el agua deja de limpiar y ensucia. Los trapos de piso a la entrada de cualquier lugar resultan engorrosos, pero necesarios.
A la semana de lluvias el agua caída se encargó de derruir la calle. Los baches se agrandan, se llenan de agua y te hacen dejar medio tren delantero en cualquier lugar. Las baldosas, el agua y los pantalones tienen un historial record de tríos que ninguna estrella porno filipina podrá alcanzar. Los recaudos de limpieza y sequedad ya no se toman y todos los pisos se convierten en un heterogéneo muestrario de huellas húmedas y sucias.

Cuando llueve demasiado tiempo el mundo se vuelve pegajoso, molesto. El mundo se vuelve real y rutinario.
La lluvia pierde ese aspecto de excepcionalidad que me permite fantasear con algún escape de la matrix diaria. Ya no puedo decir “como llueve, eh?” a cualquiera y no merecer la pena de muerte social (y el deseo de una en el marco de lo real). Ya no puedo ignorar la necesidad de previsión (aunque sea tener un paraguas a mano) durante el día y ese pequeño margen de utopía antirutinaria desaparece. Ya no puedo llegar empapado a casa y ponerle cara de pollito mojado a mi compañía habitual (con practica y alguna clase de teatro eso suele terminar en tecito/sopa y sexo bajo las frazadas).
La fantasía se acabó y me hinchó las bolas. Y si vuelvo a escuchar otra canción deprimente sobre novias en coma o cualquier otra experiencia anglosajona de deleite depresivo juro abrazar la herencia musical del barrio y hundirme hasta la medula en cumbias y centroamericanismos que son tan artificiales como los británicos, pero por lo menos tienen más minas que están buenas. Y no se mueren en las canciones.

sábado, 11 de agosto de 2012

Do The Evolution Baby

Vivimos en una época en que la ignorancia es un acto reflejo, lo que nos hace conceptualmente inocentes.
Esta es la época en la que la inocencia no se define como “el que carece de culpabilidad”, sino “el que no puede ser culpado”.

Vivimos en una época de sobreinformacion, y nos definimos por nuestra relación con ella. Y nuestra relación es un matrimonio soso y asexuado con hijos que duermen en nuestra cama y con mucho Tinelli en nuestra vida.

Hoy, para escribir esta columna, decidí informarme. Tenía una idea acerca de la desinformación de rebaño, pero nunca pensé que me iba a descubrir diciendo meeee *1.

¿Alguna vez intentaron poner “Genocidio” en Google?
No hay un puto centímetro cuadrado del mundo que no esté regado de sangre. No hay pueblo, nación, grupo de gente, Club Social y Deportivo que no haya sido víctima o victimario.

Solo en los últimos 200 años se cortaron orejas y manos de Onas, vendiéndolas a un libra la pieza. En el s.XIX los Tutsi conquistaron a los Hutu y les cortaron (literalmente) las bolas para adornar los tambores. En 1994, después de gobiernos coloniales, los Hutu en el poder se gastaron guita que no tenían y le dieron a uno de cada tres hombres un machete nuevo. Adivinen para que.
Entre 1932  y 1933 murieron entre 7 y 10 millones de personas en Ucrania. De hambre.
Y siguen…

Los motivos (posta, hay razonamientos sobre esto) van desde conflictos raciales, étnicos, políticos, religiosos hasta “porque trabajaban en oficinas” *2.

Tenemos la inocencia de la niñez. Somos inimputables.

Mañana cuando salgas a la calle, camino a donde sea que vayas, mirale la cara a cada persona que te cruces y devolve tu confianza en la humanidad. Recorda que el amor existe, que la amistad entre los hombres es posible, que todo va a mejorar y que la vida es un bien preciado e irreemplazable.

Después, si tenés ganas, sacate la venda de los ojos y pensa: Do The Evolution, baby.



*1: Sonido de ovejita.
*2: Si vivías antes del 17 de abril de 1975 en alguna ciudad de Camboya y de casualidad habías trabajado en una oficina, estabas condenado a muerte.

viernes, 3 de agosto de 2012

Lo Que Pense Mirando "Tamara Drewe"

En el reino, en la plastic ley.


Hay gente fea.
Existen. No es una cuestión de percepciones. Son una realidad ineludible.
Podría haber dicho somos una realidad ineludible pero no formo parte del colectivo feistico. La mediocridad se impone hasta en las circunstancias estéticas de mi persona.

Pero la verdad es que existen.

El tema con la fealdad es su relación con la inteligencia, o con la percepción de esta última.
Nadie cuestiona la inteligencia de un/a feo/a. Es casi un insulto a la providencia considerar que alguien puede ser feo e idiota: ningún dios puede ser tan colérico.
Asimismo cuestionar la inteligencia de alguien lindo/a es lo más natural del mundo. Bla bla bla bla, mismo argumento neo-teo-lógico.

Lo bueno que esta reflexión no se despega de una investigación larga y compleja. Basta con darse cuenta que para las madres siempre su hijo es el más lindo de todos, pero casi nunca el más inteligente.

Últimamente el concepto de belleza en el barrio parece haber mutado a una estética Boteristica. Pero con calzas.


La humanidad, mas allá de los límites de mi mundo (demarcado lúgubremente con rejas con lonas verdes) parece haber perdido el iniciático conocimiento de la  vergüenza que Adán y Eva nos consiguieron en el paraíso y que motivo la más sobre-exagerada reacción del dios de Abraham e Isaac.

La humanidad, mas allá de los limites de mi mundo, se flanderizo y disfruta del lema “es como si no llevara nada puesto” más de lo que debería ser posible y creíble.

Y desde acá, como un ejemplo de estoicismo, miro al desfile pasar.

En joggings y ojotas.
                                                                                                                                                                                                                                      

sábado, 28 de julio de 2012

Balada Del Tuerto


No voy a decir que un suceso determina una vida.
Es demasiado grandilocuente y, francamente, si una sola idiotez determinara todo el tiempo que transcurre a continuación sería faltarle el respeto al excelente esfuerzo que hago para generar las demás idioteces que forman parte del día a día.

No, pero sí creo que puede afectar a un periodo de tiempo determinado.

Hoy, cuando me desperté, rompí mis anteojos. No ambos cristales. No el marco. Se rajo uno de las dos ventanas al universo que tengo.
Basado en hechos reales.

Me siento aislado. Me siento discapacitado. Me siento no tenido en cuenta.
En las palabras parafraseadas de otro con más talento que yo, “soy el sentimiento de abandono de Jack”.

Mis urgencias no son consideradas urgencias. El hecho de que este temporalmente tuerto parece no afectar ni importar a la sociedad. Ni siquiera a aquellos imprudentes e inconscientes que se acercan a mi auto por el lado derecho.
Los ignoro, porque medio que no me queda otra, y les deseo una existencia larga y duradera con el tradicional dedo medio extendido en clara respuesta a las traducciones de insultos que realizan sus bocinas.
¿Cómo ignoras a alguien sin bañarse, con ropa extremadamente de entre casa, con un vidrio roto en sus anteojos que recorre de punta a punta los pasillos de un shopping buscando una óptica de emergencia?
“Soy el ego desinflado de Jack”.

La decepción dura 4 horas. La emergencia se mantiene, pero el principio de hemorroides por el exceso de asiento-de-auto me hace abandonar la búsqueda.

Y como un veterano de una guerra perdida vuelvo a casa, con un ojo menos (o algo así, déjenme exagerar un poco), el extremo inferior de mi aparato digestivo recordándome que existe, y la actitud más derrotista que se puede obtener de tan inconveniente aventura.

martes, 24 de julio de 2012

Lo Autenticamente Decadente


Todo es decadente.

Esto no es una declaración con aires intelectualoides. Hablo de la decadencia real, física, palpable que todas las cosas experimentan. No de aquella decadencia cultural, social o política que cada generación al envejecer declara que la que la precede protagoniza, impulsa y produce. Por lo menos, no ahora.
Hablo de paredes derruidas y de fierros oxidados. De tetas caídas y pelo cano. Hablo del decaimiento que insistimos en evitar o del que elegimos ignorar.

El tema es que la naturaleza insiste en frotarnos en la cara su “sabiduría” y deja que las cosas se pudran. Que decaigan y dejen de existir. Es más: la muy turra no solo deja sino que produce el decaimiento y posterior inexistencia.
Claro que algunos dirán: “no es decadencia y desaparición, es transformación blablablablabla”. A esos déjenme decirles que ese argumento no me reconforto para nada la vez que descuidadamente tome leche claramente vencida (chistes muy boludos para ser pensados por seres inteligentes de cualquier lugar, salvo la Tierra, insértense mentalmente después de leer la frase “leche claramente vencida”).

Y sin embargo insistimos en ocultar y mitigar los efectos de la decadencia natural. Nos rebelamos ante esta injusticia pudiendo aprovechar el tiempo en mirar películas en Cuevana o voyeuriar en facebook.

Porque admitámoslo: si hay un argumento que apuntale mejor mi irrefrenable necesidad de evitar por todos los medios hacer algo para remediar cualquiera de las reparaciones de la casa que amenazan con alejarme del rascabolismo supremo al que intento dedicarme como objetivo de vida, ese es el que acabo de exponer.

Eso.

Así que dejame en paz.

O llama a un pintor.
O a un plomero.

domingo, 22 de julio de 2012

Shadow Boxing


Ayer vi a un loco.
Jogging derruido, pantalones cortos arriba, muy sudado, con esa suciedad con olor que se ve, barbado y boxeando con su sombra, todo en la calle, en el cruce con una avenida, mientras el semáforo estaba en rojo.
Unos pibes, limpiando los vidrios de los que esperaban perpendicularmente a nosotros, lo bardeaban medio de lejos. Repetían insultos y lo alentaban a que continuara con lo suyo.
Mi hermana expuso su teoría en ese momento: todos los locos tienen un pasado glorioso. “Debe haber sido boxeador”.
La idea de que es necesario tener mucho, perderlo todo y que así nos volvamos locos no me apetece del todo.

Una vez escuche que decían que para volverse loco solo se necesitan tres días especialmente de mierda. En el primer día perdes tu trabajo. En el segundo tu mujer te deja. Para el tercero no necesitas algo muy drástico: alcanza con que no haya agua caliente o pierdas el bondi.
Tres días y toda la construcción de la vida se derrumba.

Tres días y uno se desconecta de la sociedad.

También escuche en otro lado, quizás de algún standapero, que la conceptualización de loco es un poco menos que irracional. ¿Qué es más loco? Levantarse día tras día y repetir rutinas aceptando que la vida nunca más va ir mas allá de eso, o levantarse y decir “Creo que hoy voy a terminar la nave espacial hecha con botellas que tengo en el patio”. 

Alejarse de la realidad, pero solo un poco. Quizás alguna droga recreativa. Quizás un poco de música a niveles alarmantes en auriculares que nos aíslan del mundo. Quizás la abstracción del ensimismamiento.

Todos estamos a tres días de volvernos locos.

O cuerdos.

sábado, 21 de julio de 2012

Mierda


La humanidad imita en su testarudez e insistencia, la misma actitud que tiene la mierda que se niega a irse en un inodoro tapado.

Somos la mierda y el inodoro.

Estupidez, inconsciencia, irracionalidad. A veces parece que nuestra capacidad de conceptualizar y definir solo está al servicio de nuestra inmensa necesidad de encontrar una acabada forma de descripción de nuestro patetismo.

El hombre no es el lobo del hombre. El hombre el lobo del lobo.

martes, 17 de julio de 2012

Mamones



Si mañana llegara una nave espacial, con un montón de alienígenas, y preguntaran “¿Qué es lo que los iguala como especie?” habría infinidad de respuestas.
Muchos dirían la inteligencia, aunque está sobradamente probado que si fuera un rasgo distintivo de la humanidad seriamos nosotros quienes estaríamos visitando otro planeta.
Otros dirían la conciencia de sí mismos. Un verdadero avance evolutivo que hasta ahora nos permitió reconocernos en espejos de aguas sin ahogarnos en el proceso (palazo para vos, estúpido Narciso).
Yo me atrevo a diferir. Lo que nos iguala como especie y nos hermana con la gran mayoría del resto de las especies es que somos mamíferos. Nuestro rasgo distintivo es que chupamos tetas. Nacemos y lo más importante del universo es una teta. Se nos va la vida por una teta!
Somos dependientes de la teta que nos brinda lo que necesitamos para vivir.
Crecemos y decimos que no necesitamos más teta. O nos destetan. Pero siempre volvemos. Algunos se obsesionan con tetas ajenas. Otras se obsesionan de conseguir algún upgrade en las propias.
Pero somos tetadependientes.
La sociedad es dependiente de la teta del siglo de las luces: el contrato social. La asociación entre la teta y el que la chupa.
Acá estamos, mendigando calor, ternura y alimento de un apéndice graso con glándulas.


Si mañana llegara una nave espacial, con un montón de alienígenas, y preguntaran “¿Qué es lo que los iguala como especie?” no habría infinidad de respuestas.
Creo que nos llevaríamos el dedo a la boca en la añoranza teteril y con la sabiduría que solo los actos reflejos tienen succionaríamos con nerviosismo y avidez esperando que la existencia solo haya sido una pesadilla.